
Apertura (30 minutos)
El tallerista llega con un objeto cotidiano que tenga historia propia: una foto, una piedra, una hoja de árbol. Lo pone en el centro de la mesa o el suelo. Dice: esto me conecta con un lugar. Cuenta brevemente cuál. Luego invita a cada participante a presentarse no con su nombre sino con un lugar: ¿con qué lugar del mundo te presentás hoy? Puede ser real o imaginado, cercano o lejano, de la infancia o del futuro.
No hay respuestas correctas. No hay que justificar nada.
Conversación inicial (30 minutos)
Se abre el diálogo a partir de estas preguntas, sin apuro, sin necesidad de recorrerlas todas:
¿Qué lugar ocupa la imaginación en tu vida cotidiana acá adentro? ¿Imaginás cosas lindas o cosas que te preocupan? ¿Es posible encontrar momentos para soñar, para pensar en otra cosa distinta al encierro? ¿Qué cosas de la rutina hacen más difícil poder imaginar otros mundos?
El tallerista escucha y toma notas breves. No interpreta, no analiza, no corrige. Registra.
Lectura en voz alta (10 minutos)
El tallerista lee este poema colectivo, creado en la Unidad 3 de Rosario en 2019:
Dicen que en el territorio de lo imaginado todos somos iguales. Imaginan los ricos e imaginan los pobres, los hombres, las mujeres y quienes no se corresponden. Imaginan los políticos, los albañiles y también los banqueros. Imaginan los que ganaron y también los que perdieron. Imaginan, algunos más, otros menos. Imaginan los libres y también imaginan los presos.
Silencio breve. Luego: ¿qué les resonó de esto?
Ejercicio de evocación (40 minutos)
Cerrar los ojos y volver a un lugar en el mundo.
El tallerista guía la evocación con voz suave y pausada:
Pensá en un lugar al que quieras volver o ir por primera vez. Un lugar que te traiga alegría o te conecte con algo importante para vos. No importa si es real o imaginado. No importa si existe o si solo existe en tu cabeza.
Estás ahí. Mirá a tu alrededor. ¿Qué ves? ¿Qué escuchás? ¿Qué olés? ¿Quién está con vos? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué sentís en el cuerpo?
Después de dos o tres minutos de silencio, se reparte papel y se escribe libremente a partir de estas preguntas:
¿Qué lugar es? ¿Cómo se llama o cómo lo llamarías vos?
¿Quiénes están ahí con vos? ¿Qué están haciendo?
¿Qué olés, qué escuchás, qué ves a tu alrededor?
¿Qué hacés vos en ese lugar? ¿Qué sentís en el cuerpo?
La escritura es libre. Se puede escribir poco o mucho. Se puede dibujar en lugar de escribir. Se puede hacer las dos cosas.
Puesta en común y cierre (30 minutos)
Quien quiera comparte lo que escribió o lo que imaginó. No es obligatorio leer en voz alta: se puede contar con las propias palabras, mostrar el papel, o simplemente decir una palabra que resuma el lugar.
El tallerista cierra con una presentación breve del proyecto: qué es Un lugar en el mundo, de dónde viene, qué van a hacer juntos en los próximos encuentros. Sin tecnicismos. Sin prometer resultados. Con honestidad sobre el proceso.
Clave metodológica
Este primer encuentro establece el clima de todo lo que sigue. Si el espacio no se siente seguro, si la palabra no circula con libertad, las etapas siguientes van a tener menos potencia. El tallerista es el primero en abrirse: eso habilita a los demás. No hay que apurar el cierre. Si la conversación se extiende, es buena señal.
